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opinión y trabajos de referencia
RADIOGRAFÍA DE LOS PARTIDOS
POLÍTICOS ARGENTINOS. UNA APROXIMACIÓN A LA
REALIDAD
Escribe Esteban Crevari
A un año de sus bodas de plata, la vigente democracia
argentina no parece encontrarse a la altura de las necesidades.
Y para confirmarlo no hace falta escudriñar demasiado.
El déficit institucional argentino es profundo, y ello
no sólo se evidencia en lo concerniente al aparato
estatal, sino que se manifiesta en las distintas formas de
organización colectiva, públicas o privadas.
Si se considera que la democracia argentina
se expresa a través de la organización, vigencia,
desarrollo y consolidación de partidos políticos,
resulta preocupante la fragilidad estructural en la que éstos
se encuentran en el presente. Frente una pregunta no exenta
de escepticismo, qué responder cuando se pregunta ¿para
qué sirven los partidos políticos? Se suele
decir que toda vez que algo está en crisis, es preciso
volver a las fuentes. Y en tal sentido, corresponde recurrir
a la Constitución Nacional reformada en 1994.
En su artículo 38º, la Carta
Magna expresa que: "los partidos políticos
son instituciones fundamentales del sistema democrático.
Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres
dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza
su organización y funcionamiento democráticos,
la representación de las minorías, la competencia
para la postulación de candidatos a cargos públicos
electivos, el acceso a la información pública
y la difusión de sus ideas. El Estado contribuye al
sostenimiento económico de sus actividades y de la
capacitación de sus dirigentes. Los partidos políticos
deberán dar publicidad del origen y destino de sus
fondos y patrimonio."
A través del texto constitucional
-y pese al grado de apatía social- es posible advertir
la labor medular de los partidos políticos en lo que
respecta al desarrollo y consolidación del sistema
democrático, desde el cumplimiento de las siguientes
funciones:
1. Reducción de la incertidumbre resultante
de la complejidad social.
2. Vinculación de pueblo y gobierno.
3. Asignación imperativa de valores en la sociedad.
4. Reaseguro y reproducción de los valores de la vida
democrática.
5. Factor de estabilidad del sistema político.
6. Factor de cambio y evolución social.
7. Canalización de demandas de la sociedad civil al
ser conductos sociales para la articulación y combinación
de intereses diversos.
8. Difusión de ideas y valores, y socialización
política de la comunidad.
9. Reclutamiento civil para la labor y la acción política.
10. Capacitación vinculada con la instrucción
cívica de la comunidad y la formación política
de sus miembros.
11. Generación de dirigentes políticos en condiciones
de constituirse por vía electoral en líderes
o representantes legítimos.
12. Garantía para la vigencia de la libertad de información,
expresión y del pluralismo, a través de la representación
de las minorías.
13. Secularización de la cultura política a
través de procesos de conversión de valores,
creencias, y actitudes, que transforman tendencialmente lo
simple en complejo.
14. Control político y reaseguro de la competencia
política y la alternancia en el poder.
15. Formulación, implementación y adjudicación
de políticas, asociado a las funciones legislativa,
ejecutiva y judicial del sistema republicano.
Sin embargo, la realidad, lejos de evidenciar
a los partidos como instituciones fundamentales abocadas al
desempeño de dichas funciones, refleja pálidas
estructuras carentes de financiamiento genuino y transparente,
y lo que es peor: vacías de contenido y de participación
social. ¿Qué partidos se presentan hoy en la
Argentina? La respuesta no es sencilla, pero el grado de debilitamiento
bien surge como un síntoma de un mal que corroe las
entrañas partidarias sin excepción, al igual
que la ausencia de propuestas y la baja disciplina de quienes
participan políticamente en ellos.
A modo de clasificación ligera, es
posible encontrar en la actualidad ocho tipos de partidos
políticos, a saber:
1. Partidos Movimientistas: refiere
a aquellas expresiones partidarias caracterizadas por fronteras
poco nítidas y reglas orgánicas laxas. La disciplina
partidaria es considerada en forma indirecta, en relación
a sectores diversos subordinados a un sistema de liderazgo
fuerte y verticalista. El peronismo, a lo largo de su historia,
se ha caracterizado por un esquema semejante, y el presente
lógicamente no constituye la excepción. Así
el Frente para la Victoria -epicentro de la coalición
oficialista- se nutre con el aporte de organizaciones políticas
heterogéneas que responden a la autoridad -no siempre
clara- y al carisma del presidente. Así es posible
encontrar en modo satelital una constelación pretendidamente
"transversal" de partidos o fragmentos partidarios
con origen justicialista o radical, junto a partidos de menor
envergadura como la Democracia Cristiana, el Partido Intransigente
y otros, coexistiendo con organizaciones sociales diversas
como la Confederación General del Trabajo, organizaciones
empresariales, rurales, movimientos sociales diversos, etc.
sin mayores reglas de juego que las que surgen de un proceso
constante de articulación discrecional entre líder
y bases.
2. Partidos Pseudo Institucionales:
son aquellos caracterizados por un funcionamiento más
o menos relacionado a prácticas impersonales determinadas
por la vigencia de cuerpos orgánicos con arreglo a
cartas orgánicas, reglamentos o disposiciones internas,
y que cuentan con ciertos mecanismos electorales internos
para la elección de autoridades partidarias y/o cargos
de representación. Al cabo de más de veinte
años de vigencia democrática, el grado de involución
es ostensible. Es que en lugar de tenderse hacia un esquema
institucional, los partidos políticos se han alejado
de este tipo de funcionamiento. Incluso aquellos que contaban
con formas semejantes hoy evidencian organizaciones subalternas
deficientes o vaciadas de participación y funcionamiento
efectivo. El desarrollo para este tipo de esquemas fluctúa
entre:
2.a. Partidos que acatan las decisiones
institucionales: a pesar de su frágil situación,
operan con arreglo a ciertas decisiones emanadas de sus cuerpos
orgánicos o autoridades. Se supone que en estos partidos
el funcionamiento orgánico constituye la base para
la construcción de consensos generales que posteriormente
nutren al partido de programa. La UCR, el Partido Comunista,
o el Partido Socialista fueron durante décadas los
partidos que más se encuadraron en este formato. En
la actualidad las decisiones partidarias institucionales resultan
tan escasas, como proclives a no ser revalidadas en los hechos
por los actores que desempeñan roles de conducción
o representación. Vale decir: no hay casos que puedan
ser considerados efectivamente encuadrados en este subtipo,
si se toma como marco de referencia un mediano plazo.
2.b. Partidos que NO acatan las decisiones
institucionales: a pesar de contar con un despliegue
más o menos significativo en lo que concierne a sus
estructuras internas de organización, los partidos
devenidos en este subtipo carecen de disciplina interna, lo
que mella su grado de coherencia final. Es el caso actual
de la Unión Cívica Radical, que se encuentra
en un lamentable proceso de relajamiento y atomización
partidaria. Sus estructuras, a pesar de contar con autoridades
constituidas, carecen de poder como para fijar políticas
de partido que luego resulten acatadas por sus bloques parlamentarios,
prevaleciendo intereses de tipo coyunturales, provinciales,
o locales por sobre toda expresión de carácter
nacional y federal.
3. Partidos Verticales: se
corresponden con aquellos organizados bajo un liderazgo de
características exclusivas. En general, su máximo
líder es también su fundador, el cual articula
un modelo de organización funcional basado en amplias
prerrogativas y un amplio margen de maniobrabilidad personal
en términos de pragmatismo político. Pueden
contar con estructuras orgánicas internas, aunque éstas
no necesariamente operan con la autonomía necesaria,
sino más bien como instancias de refrendo de las decisiones
de un líder que adopta el rol de "mascarón
de proa". Sus ámbitos reales de decisión
no necesariamente se corresponden con sus cuerpos orgánicos,
sino con la vigencia de "mesas chicas" de notables
que no necesariamente participan orgánicamente en la
vida partidaria. Intentan sustituir su escasa vida interna
a partir de una presencia permanente del líder en los
medios masivos. Como ejemplo podrían considerarse a
la Coalición Cívica, de Elisa Carrió;
Recrear, de Ricardo López Murphy; Unión por
Todos de Patricia Bullrich, el casi extinguido Acción
por la República, etc.
4. Partidos Tecnocráticos
o de Empresa: se caracterizan por una organización
partidaria interna de baja intensidad, subordinada a una suerte
de mesa directiva conformada por un esquema de tipo gerencial
en el que se sustituye la figura del cuadro por la de un empleado
abocado a una labor de consultoría, asesoramiento técnico,
o tarea administrativa, de la que puede obtener remuneración
efectiva. El criterio predominante es el énfasis por
el dominio de lo profesional-tecnocrático a expensas
de lo político-ideológico. No se procura aquí
contar con un despliegue geográfico permanente. En
todo caso, éste surge como consecuencia de acuerdos
coyunturales que procuran nutrir de adhesiones y votos al
partido, a través de acuerdos de adhesión indirectos
con fuerzas o fragmentos de otros partidos; relaciones de
tipo clientelar con líderes de base territorial; o
bien, acuerdos superestructurales con líderes de variada
procedencia considerados eventualmente cercanos desde lo simbólico
o electoral. Sus propuestas a menudo son el resultado de procesos
vinculados al mundo del management, como las técnicas
no masivas del brain-storming, think-tank, o focus-groups.
Se subvencionan con aportes del mundo empresario nacional
o internacional, aunque tambiénes frecuente la utilización
de actividades orientadas al fundrising o captación
de fondos. Una expresión de este modelo lo constituye
el partido Compromiso para el Cambio de Mauricio Macri.
5. Partidos Provinciales o Locales:
corresponden a expresiones de características
regionales en los que se enfatiza los intereses de zona por
sobre cuestiones de índole nacional, bajo una lógica
que consiste en concentrarse expresamente en lo particular
como el de desvincularse de lo general. Ocasionalmente pueden
establecer alianzas o coaliciones con expresiones semejantes,
o con partidos de perfil nacional, aunque éstas suelen
ser el resultado de objetivos estrictamente electorales, más
que de naturaleza programática o gregaria. Dado que
el interés predominante se vincula a la obtención
de resultados y a la canalización de demandas regionales,
cuentan con gran flexibilidad para la articulación
de acuerdos de mayor porte. En todas las provincias argentinas
existen partidos de esta especie, como también en centros
urbanos de alta o media concentración poblacional.
Un ejemplo lo constituye el MOPOF (Movimiento Popular Fueguino)
de Tierra del Fuego, o el partido vecinalista Acción
Comunal de la localidad bonaerense de Tigre, que a través
de su fundador Ricardo Ubieto, gobernó dicho municipio
desde 1987 hasta su muerte, en 2006. El deterioro de la figura
de partido nacional, redundó en un crecimiento de este
tipo de partidos provinciales o municipales.
6. Partidos Autorreferenciados: son
aquellos que a pesar de contar con una más o menos
intensa dinámica interna, no cuentan con una inserción
político-social efectiva. El parámetro de lo
ideológico resulta determinante para la vida política,
lo cual determina su alta rigidez en materia de acuerdos de
mayor alcance, inestabilidad interna, y alta predisposición
a la fractura y atomización infinitesimal. Las decisiones
son adoptadas con arreglo a tamices doctrinarios que ocasionalmente
operan como auténticos dogmas, que definen la pureza
o la impureza política. Con frecuencia la realidad
puede llegar a ser considerada como un producto que debe ajustarse
a la clarividencia intelectual interna, o como reflejo de
una filosofía de la historia que, como hilo conductor,
todo lo vincula. Numerosos partidos de izquierda se ajustan
a esta lógica, como el Partido Obrero, el Movimiento
al Socialismo, el Movimiento Socialista de los Trabajadores,
el Partido Comunista, etc., aunque por cierto no son los únicos.
Desde el polo opuesto, existen partidos como la Unión
de Centro Democrático que ofrecen una situación
similar.
7. Partidos Horizontales o Movimientos
Sociales: son una suerte de híbrido entre
los casos 1, 3, 5, y 6. Estas expresiones se caracterizan
por expresar demandas estrictamente sectoriales aunque sobre
la base de un gran déficit orgánico, y recurriendo
a la movilización social como mecanismo de funcionamiento
interno sustituto, o de presión para lo externo. Ocasionalmente
cuentan con estructuras internas de base con eje en el modelo
de asamblea, y líderes emergentes de un esquema de
acción política directa, no intermediada por
instancias intermedias, y supuestamente en diálogo
directo con las bases. Su labor consiste en la presencia permanente
de los líderes con su comunidad o grupo de referencia,
conjugando cotidianamente políticas asistencialistas
y de naturaleza más emparentada con la labor gremial,
de protesta, y de demanda social. Las diferentes organizaciones
piqueteras constituyen el ejemplo más característico.
8. Partidos "Sello":
aunque son citados aquí fundamentalmente a modo de
clasificación residual, existen en la Argentina numerosas
expresiones partidarias que, con mayor o menor despliegue
político y electoral en el pasado, carecen en la actualidad
de sustento político y social. Sin embargo, no necesariamente
deben ser vistos como neutros en materia política,
dado que pueden ser utilizados como andamiaje electoral ocasional,
y eventualmente pueden formar parte de un frente, alianza
o coalición de mayor porte a los efectos de obtener
cargos de representación y no perder personería
jurídica. A modo de ejemplo, puede citarse al viejo
partido Unión Popular, oriundo de la época en
la que el Partido Justicialista se hallaba proscripto. Hacia
fines de la década de 1950 este partido contó
con la adhesión masiva del voto peronista para la elección
a gobernador de la Provincia de Buenos Aires en la que triunfara
el líder peronista Andrés Framini, para luego,
con el transcurso de los años, ir adoptando un comportamiento
político errático, de acompañamiento
frentista, y de baja intensidad. En 2007 el Partido Unión
Popular oficia de fachada formal para la postulación
a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, del diputado
nacional y empresario de origen peronista, Francisco de Narváez.
A la luz de lo expresado, ¿qué
conclusiones se pueden extraer? Muchas, aunque todas lamentables.
En ello el gobierno nacional, desde su propia falta de vocación
política de modernización y cambio en materia
de reforma política debe rendir cuenta. La tan estentórea
como nula reforma política -anunciada en tiempos no
muy pretéritos por el ministro del Interior Aníbal
Fernández- quedó en un mero anuncio o como una
táctica de reclutamiento para la concertación
"plural".
Más grave aún es lo referido
al sostenimiento económico. Es que siguen siendo muy
oscuros los "procedimientos" aplicados, en relación
a los recursos del Estado destinados a la sustentación,
lo que permite sospechar de discrecionalidad política
a la relación Ministerio del Interior, partidos políticos.
¿Quiénes reciben los fondos? ¿Cuándo?
¿Cuántos? ¿De qué forma? ¿Cómo
dichos fondos redundan en la capacitación de sus dirigentes?
¿Cómo pueden sustentar los partidos políticos
sus campañas electorales? A estos interrogantes deben
sumarse ejercicios contables dudosos o inexistentes por parte
de muchos partidos políticos en lo que refiere a rendir
cuentas de los fondos públicos y privados percibidos.
El panorama, como se afirmara, es lamentable.
Los partidos, pese a su trascendencia constitucional, son
cáscaras vacías condenadas a la manipulación,
la discrecionalidad y al juego cerrado ausente de participación.
Toda democracia evoluciona a partir de la evolución
de los partidos políticos. ¿Evoluciona la democracia
argentina? Existen indicadores que lo ponen en duda, como
la permanente -y nunca penalizada- deserción civil,
pese al carácter obligatorio de los compromisos electorales;
la baja participación ciudadana; la doble vía
del clientelismo político; o la plena vigencia de decisiones
superestructurales de aspectos que hacen a la vida de todos.
Un auténtico cambio necesariamente
requiere un sincero pacto de elites como puntapié inicial,
que luego procure ser legitimado a través de una creciente
participación cívica y pluralista. No parece
ser éste el camino que se transita en la actualidad.
Lic. Esteban Crevari
(Jefe de Asesores del Diputado Marcelo Meis).
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