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opinión y trabajos dereferencia
LA ESCASEZ DE GAS-OIL, OTRO SÍNTOMA
DE LA MISMA ENFERMEDAD
Ricardo A. Molina *
"¿Qué tenemos que ver
nosotros con el desmanejo energético de la Argentina?"
Néstor Carlos Kirchner, La Nación, 1/5/2004
En el 2004 comenzaron a publicarse las noticias sobre la escasez
de gas-oil en todo nuestro país. Desde el 2004 el gobierno
niega la existencia de una crisis energética. También,
en el 2004 el gobierno creó ENARSA para intervenir
en el mercado energético argentino como una de sus
herramientas estratégicas. En febrero del 2005, junto
con el Presidente Chávez, Julio De Vido anunciaba la
apertura de 600 estaciones de servicio ENARSA-PDVSA que comercializarían
el gas-oil bajo la denominación de “Diesel Tango”.
El gobierno importó gas-oil a través de PDVSA,
liberó impuestos para su importación, otorgó
privilegios para las importaciones desde Venezuela, subsidió
el combustible, presionó a empresas petroleras. Sin
embargo y con persistente realismo, los titulares de los diarios
siguen informando acerca de la escasez de gas-oil para el
campo, para el transporte y para los automovilistas. Exactamente
igual que lo que ocurre con el gas natural y con la energía
eléctrica.
¿Se trata entonces, de un gigantesco
complot, donde empresas, consumidores y sectores políticos,
académicos y sociales intentan destruir los ingentes
esfuerzos de nuestro Presidente para desarrollar su modelo
productivista en una “Argentina en serio” o se
trata de una profunda incapacidad política o técnica
para resolver los verdaderos problemas?
Nada mejor que datos objetivos para contestar
el interrogante.
1. Desde Enero del 2002, el grado de utilización
de la capacidad instalada del sector Refinación de
Petróleo registra porcentajes más elevados respecto
a las demás actividades industriales, según
la información del INDEC. En Abril del 2007, ese porcentaje
se elevó al 95,1%, lo que indica que prácticamente
las refinerías argentinas operan al máximo de
sus posibilidades.

2. La capacidad de nuestras refinerías se ha mantenido
casi constante desde el comienzo del período recesivo
de 1998, incluyendo los cuatro años de la Administración
Kirchner. La producción total de petróleo crudo
ha caído un 22% en el período analizado, pero
la de crudos livianos es mayor. Sin embargo, se han mantenido
los niveles de procesamiento de crudo en refinerías
a expensas de una disminución de los saldos exportables.
El mejor crudo para producir gas-oil es el petróleo
liviano.
3. La demanda de gas-oil en nuestro país
comenzó a caer en 1998 y se acentuó en el período
2001-2003. Desde el 2004 comienza a recuperarse la demanda,
superando la oferta disponible en el 2006.
4. Las ventas al mercado de gas-oil durante
el año 2006 crecieron un 7,5% respecto a las del año
1998. Las ventas del primer trimestre del 2007 subieron casi
un 6% respecto a igual período del 2006. Las importaciones
realizadas durante el año 2006 fueron inferiores en
más del 59% respecto de las importaciones del año
1998. Las importaciones del primer trimestre del 2007 fueron
10% inferiores a las realizadas en igual período del
2006.
5. El precio del gas-oil en la Argentina
a los consumidores finales, con impuestos, se encuentra entre
los cuatro menores de América del Sur, según
la serie 2001-2006 elaborada por la CEPAL, medido en dólares
estadounidenses. Con precios menores se ubican Bolivia, Ecuador
y Venezuela. Todos los restantes países tienen precios
superiores, siendo Uruguay el caso más extremo donde
el precio casi duplica al de la Argentina.

6. En el análisis de esta serie se
comprueba que únicamente Argentina y Venezuela presentan
a fines del 2006 un precio inferior a los de fines del 2001.
Curioso comportamiento tomando en consideración el
fenomenal incremento del precio del petróleo en los
mercados internacionales en el mismo período. En la
mayoría de los restantes países analizados prácticamente
se duplican sus precios en este lapso.
Sintetizando los datos anteriores es fácil
advertir el diagnóstico. Desde el lado de la oferta
tenemos una producción de petróleo en franca
caída, principalmente la del crudo liviano; la capacidad
de refinación se ha mantenido constante; las refinadoras
están exprimiendo sus capacidades de producción
de destilados al máximo de sus actuales posibilidades;
los volúmenes de importación de gas-oil son
inferiores a los niveles de 1998, producto del desalineamiento
de los precios domésticos con los internacionales,
dicho en buen romance, importar gas-oil significa comprar
a un precio más elevado que el que el Gobierno permite
vender en el mercado local. Desde el lado de la demanda vemos
un crecimiento del consumo superior a los niveles de 1998,
incentivado por el mayor nivel de actividad y por un bajo
precio artificialmente intervenido por las autoridades; la
curva de la oferta y la demanda se cruzaron en el 2005 y desde
el 2006 hay déficit de abastecimiento.
Una situación que, no casualmente,
es casi calcada con la del gas natural y la de la generación
eléctrica.
Resolver el abastecimiento normal de gas-oil
es tan prioritario como el de las demás energías
y requiere la aplicación las mismas políticas
que está exigiendo todo el mercado energético.
En el cortísimo plazo, es decir ya, no hay más
alternativas que imponer un plan de racionamiento que brinde
a los consumidores las señales de escasez de nuestros
mercados; ajustar precios, ya sea en su valor al consumidor
o con menores cargas impositivas en la cadena productiva,
o lisa y llanamente –siguiendo el estilo político
de este gobierno- subsidiar las importaciones de crudo liviano
o gas-oil utilizando a ENARSA como su herramienta estratégica.
En el largo plazo sólo pueden aparecer las soluciones
estructurales a todos los problemas del sector, pero ese largo
plazo debe comenzar también hoy, y el menú de
políticas incluye: alineamiento de los precios locales
con los internacionales; reestablecimiento de reglas de juego
que incentiven las inversiones privadas; eliminación
de las funciones intervencionistas del Estado y redefinición
de sus indelegables funciones regulatorias; recomponer nuestras
relaciones con el mundo, especialmente con todos los países
de la región con vistas a una mayor interacción
de sus mercados con destino a amortiguar los impactos locales
de los picos de demanda.
Lo único que el Gobierno no debería
hacer es seguir negando la crisis energética y los
errores de su propia política energética para
defender un cierto caudal electoral. Contar con energías
abundantes y con el menor precio compatible con la sustentabilidad
del normal abastecimiento no es una política de izquierdas
o derechas, es una política basada en el sentido común.
* Comisión de Energía de RECREAR.
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